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Sevilla.
Viernes, 11 de abril de 2008. 13ª corrida de toros de feria.
Lleno en tarde de sol y nubes. Seis toros de Juan Pedro Domecq,
febles, mansos y descastados. 2º, 3º y 6º devueltos
por inválidos y sustituidos por otros tantos de los hierros
de La Dehesilla, José Luis Pereda y El Serrano, que tampoco
sirvieron.
Pesos: 550, 560 (529), 502 (502), 555, 532 y 559 (568) kilos.
Curro Díaz (Silencio tras aviso y Silencio);
El Cid (Palmas y Silencio) y
Miguel Ángel Perera (Silencio en ambos) |

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CRONICA DE SANTI ORTIZ |
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Y EL AÑO QUE VIENE, CUATRO
Si la del pasado año fue una feria histórica por
el alto porcentaje de éxitos de toros y toreros, la de
éste pasará al desván de los recuerdos por
todo lo contrario. Entre el antitaurino cartel de Barceló,
los tres días seguidos de suspensión y las tres
corridas de Juan Pedro, no recuerdo en mi ya larga vida de aficionado
un serial abrileño tan extraño y desastroso.
Algo debe de estar cambiando en la mentalidad de los gestores,
porque no me cuadra nada de lo que está ocurriendo en esta
lamentable feria del 2008. Por ejemplo, traer tres corridas del
mismo ganadero, aunque una de ellas se lidie con su segundo hierro.
Tampoco recuerdo que un ganadero se haya comprometido a venir
a una plaza de la importancia de La Maestranza y en una feria
de tanta solera como la de Abril, nada menos que con tres corridas
de toros. Qué pasa, ¿acaso Sevilla es Villamelones
de Abajo o es que ya sólo importa el dinero? Tal vez, eso
del prestigio ganadero se haya quedado antiguo, pero por los modernos
derroteros que los “listos” quieren conducir la Fiesta
ésta se nos despeña, pese a contar con un plantel
de toreros como hacía muchas décadas no veíamos.
Pero, bueno, como aquí se teme al que triunfa porque después
aumenta su caché, tal vez, después de esta debacle,
la Empresa pueda coger encierros de Juan Pedro para el año
que viene a precio de saldo y nos encasquete no tres, sino cuatro
de ellos para que le salgan mejor las cuentas y se acabe de cargar
la feria. ¡Qué pena!
Lo único bueno de esta tarde ha sido la noticia del cese
del presidente de ayer. Enhorabuena por la rapidez. El escándalo
no merecía otra cosa. Por lo demás, una corrida
larga y tediosa, con tres astados devueltos por inválidos
a los corrales y una cuerda de reses descastadas midiendo sus
embestidas, sacando algunas genio, otras distracciones y, entre
todas, un variado surtidos de embestidas mansas y desclasadas.
Ante este material, los toreros poco han tenido que hacer. Además
los he visto contagiados del ambiente de fracaso, o, mejor dicho,
de imposibilidad de éxito, que flotaba en la plaza, y tampoco
han brillado a la altura de sus posibilidades; sobre todo Perera,
al que he visto torpón y desangelado, dejándose
tropezar demasiado los avíos y cometiendo el error de comenzar
por alto la faena del brusco sobrero de Pereda, cuyo genio no
pudo dominar.
Destellos intermitentes en El Cid, ante otro sobrero que no hilvanaba
dos embestidas seguidas, y voluntad ante un jabonero que pareció
tener posibilidades, pero que las diluyó de momento.
Pellizcos y buen gusto en Curro Díaz en su primero, un
toro que también duró poco y que llegó a
echárselo a los lomos, pero con el que me hubiese gustado
verlo más macizo y, sobre todo, enganchándolo más
delante para que no le enganchara la muleta a él. Con el
otro, lo mejor fue su forma de irse tras la espada.
Otra cosa buena: ya no quedan más juampedros en los corrales.
Algo es algo.
Santi Ortiz
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